Aspectos desconocidos (para la mayoría), sobre las esencias florales Chicory y Heather.

Como anunciamos en el Newsletter anterior, el próximo sábado 10 de marzo, voy a dictar una clase especial, un material inédito hasta ahora, sobre dos esencias florales fundamentales dentro del sistema del Dr. Bach.

 

Ellas son Chicory y Heather, las que, (junto a Holly), son consideradas “las esencias del amor”, de las Flores de Bach.

 

Si bien pareciera estar todo dicho acerca de estas dos flores, ellas nos deparan, todavía, muchas sorpresas.

 

En este artículo, quiero adelantarles algunos de los conceptos que vamos a desarrollar en esta clase especial. Para ello me baso en dos trabajos de investigación.

 

Con respecto a Chicory, mi amigo y colega, el Dr. Eduardo Grecco, a quien la mayoría de los terapeutas florales conoce por su amplia trayectoria en el campo de la terapia floral, que incluye una larga lista de libros publicados (muchos de ellos imprescindibles), nos presenta diferentes visiones de esta flor, que nos permiten comprender mejor, su “esencia”.

 

La achicoria que Bach elige, es la silvestre, de color azul que tiene la particularidad, a diferencia de su hermana de color blanco, de poseer un gran papel en los mitos y leyendas, sobre todo entre los pueblos de Europa central.

 

El pueblo alemán la conoce como guardiana de los caminos o luz de los caminos, pero, además, recibe otros nombres curiosos y significativos: solsticio, hierba del sol y joven maldita.

Hay una leyenda que cuenta la historia de una joven que durante siete años lloró la muerte de su amado en una guerra. Cuando las personas cercanas intentaban darle consuelo y persuadirla de que abriera su corazón a un nuevo amor, ella respondía: “Dejaré de llorar cuando me convierta en una flor de los campos en los caminos”.

 

Se dice que Dios, le concedió ese deseo, transformándola en la flor de la achicoria, que crece, generalmente a la vera de los caminos. De ahí que fuera bautizada como “guardiana de los caminos”.

La flor se abre con el sol y se cierra en el punto en el cual el sol desaparece. Y en esta dirección, el botánico alemán Conrado de Megenberg (1309-1381) designa a esta flor como “esposa del sol”.

En Roma, en Alemania y otros lugares, durante la edad media y aún mucho después, se vendían las semillas de la achicoria como un remedio destinado a fijar el amor.

 

Este comentario “mágico” alude un poder terapéutico de la flor de Chicory que consiste justamente en eso: involucrar y afianzar el amor a pesar de todas las vicisitudes.

 

Veamos ahora puntos de vista sobre Chicory, de distintos autores:

“Chicory es un remedio muy importante para la congestión emocional y para cuando las fuerzas del amor están mal dirigidas. Aquellos que necesitan esta esencia tienen que aprender a distinguir entre las emociones y los deseos personales, y el cuidado y el amor impersonales y genuinos por el otro”.

“De otro modo, la persona se vuelve egoísta en lugar de generosa, manipulando las emociones de los demás en beneficio de sus necesidades y de sus deseos personales.” (Richard Katz).

 

“Chicory nos enseña a conocer el origen del amor dentro de uno mismo; a aceptar que nos amen como cada quien sabe amar; a amar a otros por el solo hecho de amar”.

 

“La estructura más profunda con la que trabaja Chicory es la de estar estimulado por la necesidad de recibir amor de otras personas; esto puede ser muy sutil y pueden no estar conscientes de la profundidad de este deseo”.

 

“El aspecto del amor que le concierne específicamente a Chicory es el del amor entre personas; es decir, cómo queremos a los demás.  (Eduardo Grecco).

 

Por otra parte, con relación a Heather, utilizo una investigación realizada por la Dra. Sofía Peña, médica psiquiatra uruguaya, pionera en la difusión de la terapia floral, en su país, con la cual hemos compartido congresos y encuentros florales de mutuo enriquecimiento.

Precisamente, en un congreso sobre terapia floral, celebrado en Montevideo, en el año 1995, la Dra. Peña, presentó un trabajo titulado: “De la insatisfacción a la invasión” (la génesis oculta del estado Heather).

En dicha ponencia, se reflexionaba sobre la gran dificultad para sanar de los pacientes Heather (ampliamente conocidos por todo aquel que se dedica a nuestra práctica), aún, cuando el paciente había tomado por bastante tiempo esta esencia. Presentó varias historias clínicas de pacientes absolutamente Heather, los cuales, sin embargo, no habían modificado ninguna de sus características más notables, como su gran verborragia y algunas de sus adicciones (comida y cigarrillo, fundamentalmente).

No había duda que la prescripción era correcta, pero, no obstante, la curación o por lo menos, atenuación de sus manifestaciones, no se producía.

 

En su momento, pensó que debería existir algún otro estado emocional, subyacente, no descubierto hasta ese momento, que podría estar bloqueando la respuesta terapéutica. Sin embargo, no podía descubrirlo… hasta que, por necesidad del tratamiento tuvo que incluir otra esencia floral no utilizada hasta ese momento (que no develaremos ahora, porque sería como contar el final de la película).

Lo concreto fue que, a partir de la inclusión de esa nueva esencia, que trata un aspecto fundamental de la conducta humana, una de sus pacientes Heather, refractaria como los demás, al tratamiento, comenzó a tomar conciencia de su estado y no solo eso, pudo relacionar determinados episodios de su infancia y aún antes de su nacimiento, que arrojaban una nueva luz a la comprensión de su historia.

A partir de ahí todas sus manifestaciones Heather, mejoraron notablemente.

 

De todos modos, un solo caso no basta para esbozar un nuevo enfoque clínico, por lo que, utilizó la misma esencia con el resto de sus pacientes Heather, obteniendo el mismo resultado: la mejoría que, hasta ese momento, no se había producido.

 

De este modo, el aporte de su descubrimiento, nos cambia la manera en que debemos encarar el tratamiento de estos pacientes. Y podemos decir, sin temor a equivocarnos, que siempre debemos incluir dicha esencia en todo paciente Heather.

 

Y si bien, la evidencia clínica es suficiente justificación para validar el hecho (en medicina se dice que la clínica es “soberana”). La Dra. Peña rastreó en la psicología, bases teóricas que pudieran validar su descubrimiento en la práctica con sus pacientes. Y los encontró. Pero, además, no conforme con ello, buscó en la Medicina China (con la ayuda de dos colegas médicos y terapeutas florales, que además practican esta especialidad), la fundamentación desde el punto de vista de la Teoría de los 5 elementos, llegando a conclusiones idénticas.

 

Finalmente, nos presenta las bases de su descubrimiento desde la pura práctica clínica, la psicología y finalmente la Medicina China, redondeando sus conceptos. Se llega a la misma verdad, desde tres caminos diferentes entre sí.

 

Como este descubrimiento me pareció tan valioso, le pedí de inmediato a la Dra. Peña, una copia de su trabajo, considerando que esta información es demasiado valiosa como para quedar limitada a las memorias de un congreso floral.

 

La conservé mucho tiempo, (era una fotocopia de un trabajo escrito en máquina manual). Todavía no habíamos llegado a la computadora en los hogares. Lo más tecnológico que había en esos tiempos era el fax.

 

Hace unos años, pude escanear ese material y digitalizarlo, transformándolo en un archivo con toda esta información, que forma parte del material que entregaremos a quienes participen de esta clase.

 

 

 

 

 

 

 

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